Crónica: Las fuentes y la Luna hermosa y caprichosa.


  En la tarde noche del 21 de septiembre los que acudieron, tuvieron la ocasión de pasar unas bonitas e interesantes horas inmersos en el entorno nocturno de nuestros campos. Las asociaciones Itucci Verde y Scatiana, celebraban su décimo aniversario de manera conjunta, poniéndose en camino con una ruta de senderismo nocturno que proponía una visita al templo del Divino Salvador, nuestras añejas fuentes del “Atanor” y “La Cañería”, y el siempre mágico y evocador paraje del “Prado de Luna”. “Las fuentes y la Luna”, el título de esta actividad que gozó de buen predicamento, en torno a unas sesenta personas de distintas edades, provistas de sus mochilas y linternas acudieron a la ruta, un buen número de ellas provenían de otras localidades.

Los monitores de Scatiana, encargados de las guías interpretativas, intentaron en todo momento amenizar la actividad con sus explicaciones en las que incluían pequeñas narraciones que hacían las veces de escenas imaginadas, cual máquina del tiempo con la finalidad de trasladarnos a los distintos paisajes de la historia que se evocaban.

La visita a la Iglesia Parroquial del Divino Salvador, fue el plato fuerte de la actividad por el contenido que supone este templo que, lejos de ser uno cualquiera viene a ser más bien un fiel exponente de la mezcla y la presencia de diversos estilos conjugados, tanto en lo arquitectónico como en su interesante mobiliario, testigos mudos de las sucesivas obras, reformas y ampliaciones que ha sufrido el edificio desde su consagración tras la reconquista (siglo XIII) hasta prácticamente nuestros días. El gótico-mudéjar, el renacimiento, el barroco y hasta las corrientes dieciochescas se dan la mano en un conjunto de sencillos y escuetos volúmenes que supone un verdadero catálogo de la historia del arte, lo que le confiere un valor patrimonial excepcional. Fue declarado Monumento Histórico Artístico en 1975 y posteriormente BIC (Bien de Interés Cultural) por la Junta de Andalucía.

La ruta trascurrió además, por algunos lugares del casco urbano de Escacena rodeando la supuesta manzana primigenia de aquella villa romana que supuso el origen de la población, la misma colina Scatiana que hace unos 4.500 años pudo gozar ya de la presencia de aquellos clanes humanos de la edad del bronce.

La Plaza del Pueblo, punto de partida y también de paso para evocar la presencia histórica de los franciscanos y de aquella antigua y desaparecida feria que tenía lugar anualmente en el Jubileo de Porciúncula, a primeros de agosto, donde se daban cita la gente de los pueblos comarcanos para el comercio de los excelentes productos del Campo de Tejada y sus ganados. Y de lo urbano a lo rural adentrándose por los caminos nocturnos que nos conducen al sur, a la fuente del “Atanor”, la que sería alumbrada por aquellos seráficos frailes franciscos que arribaron a nuestra villa en la primera mitad del XVI (1531) para asentarse, diríase extramuros de ella, en el bucólico y pastoril paraje de la Huerta del Orozuz.

Volviendo sobre nuestros pasos, por el “Camino de los bueyes” hasta el “Pozo del agua lluvia” y de allí al hermoso “Prado de Luna” ese que va impreso en nuestras entretelas de manera indeleble, por lo que de luz benéfica puso a la noche y a la dificultad de la vida, la que es Madre e imán celeste de todos los lugareños hijos de Scatius. Un lugar que goza de un sello emblemático que le confieren los más de siete siglos que hace desde que se levantara allí una pequeña ermita que llegó a ser foco de atracción mariana para toda la comarca, la de Nuestra Señora de Luna, que atrajo en 1416, hace casi seiscientos años, a los frailes del Monte Carmelo a fundar allí el que vino a ser el tercer monasterio de su orden en toda la tierra de Andalucía, estación obligada del itinerario carmelitano entre Sevilla y Gibraleón. Un lugar mágico bañado en plateada luz de luna, donde tuvo lugar un cabildo de la Asociación Scatiana para dilucidar el relevo de sus cargos, que mejor momento y más original para celebrar la elección. El Prado de Luna, donde la expedición buscaba y preveía la contemplación del astro de la noche y su bóveda, pero la diosa Selene, tan hermosa como caprichosa, se cubrió de rubor con nubes de seda clara para velar su rostro a los viandantes que la procuraban. Qué paradoja, en la tierra de la Luna, la luna se nos esconde... Algunos, cifraron en su adentro aquellas palabras del conjuro mágico que traspasa los tiempos: ¡Madre mía, que salga ahora la luna! Y esta no se hizo esperar pues ya puso claridad poética a la vuelta del “Camino Sevilla”, para luego en la Fuente de “La Cañería” dejarse ver y contemplar en todo su esplendor y cercanía a través de las lentes telescópicas de la Asociación Itucci Verde. En el fértil lugar de la vieja fuente, aquella que lleva la firma del mecenas benefactor “Marqués de Pozoblanco”, ante los sublimes y hermosos celajes de la noche, con la música de fondo del profundo manantial que mana incesante dos eternas lenguas de plata, la voz del poeta puso la égloga en los nocturnos cielos scatianos, una oda en honor de la fuente de nuestros ancestros, secular bendición de fulgor acuífero, La Cañería; aquí finalizaba la ruta y el grupo hermanado y contento puso rumbo de vuelta a la Colina de Escacena.

José Fadrique Fernández.

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