Dos Rombos 9 de junio 2016 | Pubertad: Cambios físicos y Menarquía | Entrevista a Cristina Callao



De niña a mujer y de niño a hombre. Aunque sea este el proceso completo, lo cierto es que en el periodo conocido como “pubertad” nos encontramos en tierra de nadie. No somos ni niño ni niña, pero tampoco somos adultos. Ya no deseamos jugar con nuestros juguetes de la infancia, pero tampoco nos vemos capacitados para emprender actividades propias de nuestros padres y madres, como trabajar, ir solos a tomar un café o abrir una cuenta bancaria. Realmente es un proceso de identificación, de identificación propia. Tanto nuestra personalidad como nuestro aspecto físico se ven trastornados durante la pubertad, puesto que este proceso nunca nos propicia algo definitivo.
Entonces, es normal que en esta etapa se conciban valores como la inseguridad, el miedo, la incerteza o la timidez. ¿A quién no le ha pasado que justo cuando nos salían los primeros pelillos fuéramos corriendo al baño a quitárnoslos? Y que después de unos años, esos mismos pelos que nos quitabamos pasaban a ser parte de nuestro aspecto cotidiano, porque, de repente, nos empezaba a gustar como quedaban. A esto nos referimos cuando decimos que la pubertad es un período de asimilación y aceptación propia.
Hoy nos centraremos en los cambios físicos que conlleva esta etapa tan bonita y necesaria para madurar, y a su vez, el momento único e irrepetible que deja a las mujeres: su primera menstruación, la menarquía. El síntoma que anuncia que esto ya está aquí, que iniciamos el proceso para convertirnos en personas adultas y sexualmente maduras. Un momento impredecible e íntimo, y que solemos compartir con esas personas que a las que más afecto tenemos. Hoy, en Dos Rombos, Pubertad: cambios físicos y menstruación.

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