Dos Rombos | Repasamos los mitos que giran alrededor del cine porno.


Está claro que la pornografía es un tema controvertido, cuanto menos. Desde la explicación de su propio concepto hasta la propia realidad concreta de esta. Desde el primer momento que la pornografía se empieza a censurar y estar disponibles únicamente para las clases más pudientes, empezó a originarse una serie de mitos y estereotipos sobre este mundo que jamás ha jugado a su favor. La pornografía siempre se debió de haber quedado en lo que es, es decir, en lo gráfico, en lo visual. Nunca debió sobrepasar la barrera de la ficción para aterrizar en nuestra realidad. Y lamentablemente, la mala y más consumida pornografía está influyendo notablemente mal sobre nuestra sociedad, está interfiriendo en nuestra vida sexual diaria.


Y es que, quizá, el error más grave que cometemos cuando consumimos porno es tomarlo como nuestra primera fuente de conocimiento. Aprender de la ficción para transportarlo a la realidad existente. En vez de autoexplorarnos y autoconocernos, en vez de descubrir el cuerpo de nuestra pareja a través de los sentidos, erróneamente recurrimos a la pornografía para descubrir. Y la pornografía no está pensada para eso. La pornografía fue diseñada para estimularnos y excitarnos. Evidentemente puede ayudarnos a aprender o descubrir ciertas cosas sobre la sexualidad, pero es importante recalcar que nunca se puede tomar como una fuente de conocimiento absoluta y principal, porque normalmente, el porno comercial no nos va a ofrecer una buena perspectiva de cómo darnos y dar placer.

Desde Dos Rombos no es nuestra intención satanizar la pornografía y el consumo de porno, al revés. Queremos que la pornografía forme parte de nuestra vida igual que lo podría formar ver una película de terror o ir a una exposición de arte. Queremos que la pornografía se conciba de una manera normalizada y no censurada. Pero sobretodo queremos que la pornografía que llegue a nuestras vidas sea una pornografía libre de mitos, que no ayude a generar estereotipos en la sociedad. Una pornografía variada, más real y cotidiana y por supuesto que no degrade a ningún colectivo. Para ello, es totalmente necesario entender y aceptar que no lo conocemos todo acerca de este fenómeno, y que debemos buscar la información que nos falta para concebirla como tal. Desprendernos de los tópicos y luchar para que el modelo sobresaliente de pornografía sea el igualitario y no el degradante, el feminista y no el machista y patriarcal.

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