Dos Rombos nº 47 | El placer de la Juguetería Erótica | Entrevista a Mar Cambrollé

En la Historia, suele pasar que de los hechos más lamentables y vergonzantes, pueden nacer cosas muy buenas para la sociedad de forma casual e involuntaria. De este modo, en la Segunda Guerra Mundial, uno de los capítulos más lamentables de la Historia Moderna, la medicina se vio forzada a crecer de forma impremeditada debido a la acumulación de millares de personas lesionadas; así, las técnicas en amputaciones y curaciones avanzaron de forma tan espectacular que repercutió positivamente en la sociedad posterior.
La incomprensión hacia las mujeres, y hacia lo femenino en general, durante gran parte de la historia, hizo que el patriarcado dominante se inventara la enfermedad de Histeria Femenina para dar explicación a lo que en realidad era un control clínico sobre toda desviación política, social, individual o incluso de tipo doméstico. Durante el largo período donde la Histeria Femenina era algo diagnosticable, desde època platónica hasta casi la actualidad, han sido numerosos los síntomas que podían ser delatores de esta enfermedad pseudocientífica (hasta sesenta y cinco páginas se han rellenado). Sin duda un claro ejemplo de la masculinización de la ciencia en ciertos períodos de la Historia y un hecho lamentable de dominación sobre la mujer.
No obstante, y como he dicho, los capítulos más negros de la Historia dejan cosas buenas, y en este caso, la regla se cumple. En época victoriana, para tratar la histeria femenina, los médicos entrecomillados se las tuvieron que ingeniar para tratar una enfermedad inexistente, naciendo así lo que serían los primeros vibradores. Sí, vibradores a vapor con formas fálicas que estimulaban directamente el clítoris para paliar los síntomas. Algo agresivo, no hay duda, pero que serían los predecesores de una amplia gama de juguetes eróticos destinados a provocarnos buenos orgasmos y paliar nuestras minihisterias sexuales diarias. Hoy, en Dos Rombos, veremos cómo la juguetería erótica nos puede ayudar a aumentar nuestro placer sexual.

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